9.6.06

1. San Tavo de Reyes y Fanfurrias. El primer partido en TV. La idea.

Alguien debió haber detenido a Don Julián Reyes, puesto que después del primer y único partido de fútbol que había mirado por televisión en su vida, tuvo la gran idea de realizar el Primer Torneo de Fútbol de San Tavo de Reyes y Fanfurrias. En su calidad de presidente municipal del H. Municipio de San Tavo de Reyes y Fanfurrias, había sido su derecho (¡no!, su obligación) instalar el primer sistema de cable del municipio, en la sede de la Presidencia. Después de amarrar con desgano algunos cables que colgaban demasiado cerca del camino principal, que pasaba frente al edificio de la Presidencia, derrumbó de un empellón al “Palito” Pérez, su asistente, para encender sin paciencia el aparato, renovado por una nueva señal. En vez de las ocasionales reseñas de bailes escolares que a veces transmitía la televisión local, lo que Don Julián vio en la pantalla fue un gran cuadro verde sobre el cual algunos hombrecitos, vestidos igual de a mitades, perseguían una pelota blanca. Uno de los hombrecitos pateó la pelota, metiéndola en una caja transparente que ahora se veía a la izquierda. Fue hasta entonces que Palito Pérez descubrió el control remoto, con su botón de “vol. +”. Lo que siguió fue un grito desgarrador que tumbó a Don Julián, haciéndolo esconderse sin reservas tras el viejo escritorio de madera de pino vieja que servía de centro a la descuidada oficina. “¿Pos qué le hizo, Palito?” “No se me espante, mi Don Juli. Si nomás le subí al vol”. Lo que ambos escuchaban debía ser una afrenta enorme para quienes contemplaban aquél espectáculo. Miles de personas levantaban trapos, se abrazaban y agitaban los brazos en actitud desafiante. La turba, pintadas las caras por completo, lanzaba gritos de guerra. “¿Pos se están peleando o qué, Palito?” “Pos quién sabe, jefe, pero sí se ven rete enojadotes todos”. La pantalla cambió: era ahora un hombre de lentes quien hablaba, vestido de traje, agitado. “¡Gol! ¡Gol de México! ¡México le pudo meter uno a Portugal!”. “¿Y qué chingaos es un gol, Palito? ¿Y por qué nos guerrea el señor Don Portugal ese?” “Sepa, Don Juli”. Los dos hombres seguían con atención la contienda. Por cada grito del hombre de lentes, pegaban un brinco, cada uno más alto y estruendoso que el anterior. Cuando su energía ya no podía con otro salto sin aviso, los hombrecitos dejaron de pelear, se estrecharon las manos, y dejaron el cuadro verde solitario. De nuevo apareció el señor de lentes, a quien se le entendía poco por el ruido de la turba. Lo único que Don Julián alcanzó a entender fue cuando el hombre de lentes dijo “la pasión del fútbol”, perdido entre los colores y los trapos que adornaban la pantalla.

Don Julián decidió apagar la TV, y excusando a Palito, quien había pedido permiso para ir a comer, se dirigió a echar la siesta en casa. No tenía hambre. ¿Qué era eso que lograba que tantos hombres gritaran al mismo tiempo? ¿Dónde estaban esos cuadros verdes que reunían multitudes? ¿Qué era el fútbol? Lo cierto es que la popularidad del gobierno municipal había disminuido en San Tavo de Reyes y Fanfurrias. En muy pocos meses, más de la mitad de los hombres habían salido del municipio, en franca deshonra a la tradición del H. Municipio de San Tavo de Reyes y Fanfurrias. El municipio se había vuelto heroico ya bien entrado el siglo XX, cuando habían defendido al país entero de una plaga de hormigas rojas. Desde entonces, el municipio se había dejado de llamar como se llamaba, para ser conocido como “Metrópolis Fanfurrias”. “La capital de las hormigas”, decían orgullosos sus habitantes, que habían instituido como deporte oficial la cacería de hormigas, reportando modestas ganancias por concepto de turismo cada año. Pero ese deporte nunca había desatado la euforia que Don Julián, heredero del apellido Reyes, honrado por chicos y grandes por ser el asesino de la última de las hormigas rojas en aquél gran año de las hormigas rojas, acababa de observar, incrédulo, por la TV. Quizá si Fanfurrias conociera el fútbol, podrían resolverse los conflictos que recientemente había sufrido el municipio. Porque no sólo era el exilio al que se daban buena parte de sus habitantes. Era también la poca energía con la que sus niños crecían, a causa de la carestía de hormigas. Era la incursión de un deporte bárbaro que Don Julián no entendía, llamado básquetbol, el cual nadie podía jugar bien dada la enorme estatura de las canastas esas donde había que meter ese horrible balón. Era la amenaza que varios pueblos habían expresado por desprenderse del H. municipio de San Tavo de Reyes y Fanfurrias, para unirse a otros municipios de mayor renombre que cosechaban caña, o maíz, o petróleo, aunque estuvieran a kilómetros de distancia. Don Julián estaba preocupado, y la siesta no melló su preocupación. “Lo que me ha ocurrido, vieja”, le dijo a Doña Porfiria, su rechoncha esposa, “es que he conocido la pasión del fútbol y no puedo vivir sin ella”. “¿Y qué carambas es eso de la pasión? ¿Y del fútbol? Tú lo que necesitas, viejo, es ponerte a comer, que te me vas a caer desmayado en la presidencia”. Don Julián se sentó de mala gana a la mesa que había dispuesto Doña Porfiria, mientras ella seguía preparando tortillas y cocinando algo que desprendía mucho humo desde su olla. Probó entonces el chicharrón en salsa que su esposa le había servido, sólo para comprobar que ni la más rica salsa verde, la que preparaba su mujer, podía sustituir el sabor ácido que esos hombres gritones parecían estar probando en la TV. “Lo que este municipio necesita es fútbol”, pensó en voz alta, y, dejando a su mujer con la palabra en la boca, salió inmediatamente de su casa, dirigiéndose a la secundaria municipal mientras se ponía al paso su texana.

En el camino, Don Julián se encontró con poca gente. Hacía calor y el medio día atacaba con la más fuerte de sus luces. Apenas había un par de perros buscando comida en la plancha vacía de la presidencia municipal, que era vecina de la casa de Don Julián. “Qué diferente se vería esto si estuviera verde, con mucha gente de camisas iguales jugando a perseguir la pelota”. Don Julián sabía que, en el fondo, lo que Metrópolis Fanfurrias necesitaba era gente corriendo por las calles, sin importar el pretexto. Desde que el pueblo no tenía casi hormigas, las cosechas también habían disminuido, y el panorama que ahora tenía ante sus ojos era desolado. Apenas dos casitas mal construidas dejaban ver sus techos, y las calles eran terrosas. Llegó por fin a la secundaria municipal, donde los pocos estudiantes que quedaban estaban saliendo de clase, desganados. Don Julián los saludó sin mayores festejos, y los estudiantes se extrañaron de que Don Julián, normalmente emocionado por cuanta cosa se le atravesara, apenas les dirigiera una mirada. Al entrar a la biblioteca de la secundaria, que constaba de dos biblias y un montón de folletos roídos, comprobó la zozobra que le invadía. Una mesita dispuesta caprichosamente junto a una ventana, ubicada estratégicamente junto a un anaquel más bien entristecido, era todo lo que Don Julián podía ver. El suelo estaba sucio, pero, por momentos, el presidente municipal de San Tavo de Reyes y Fanfurrias deseó ser insecto para tener, por lo menos, unas pocas pelusas con las cuales jugar al fútbol. Inmediatamente después se acercó al anaquel. Estaba seguro de que en sus pocos años de estudiante había visto en esa biblioteca algo que hablaba de fútbol, mientras buscaba hormigas que cazar. Tendría que ser un folleto, a menos que el fútbol fuera otra de esas cosas creadas por dios, lo cual no le pareció tan improbable, dado que dios, normalmente, escondía de sus hijos más pobres lo mejor de la vida con el pretexto de después llevarlos al cielo. “Pero en el cielo seguramente no hay fútbol, y si lo hay, debe ser tan divertido y guerroso, que nadie podrá hablar de él entre las nubes”. Por fin encontró un folleto, metido entre dos revistas de dibujitos, que tenía por título “Reglamento de Fútbol-1909”. Y fue entonces que Don Julián Reyes y Reyes supo que pronto, en el municipio de San Tavo de Reyes y Fanfurrias, se celebraría el torneo de fútbol más grande jamás visto.

(kafka)

2 Comments:

At 11:48 AM, Blogger lupilstinskin said...

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At 11:51 AM, Blogger lupilstinskin said...

un tanto inverosimil, extraño, entretenido. te deja algo confuso y pensando en posibilidades o en el motivo del escritor para escribir la historia... ok yoo tampoco se mucho de literatura ni de fut, pero de lo que he leído a mi parecer si se asemeja a kafka.
Ya tienes a una lectora a la que este experimento le parece interesante y divertido, mi atención está enganchada, espero para leer la continuación.

 

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