12.7.06

13. Después me dijo un arriero

En el país de los tuertos, el ciego es rey


Yo sé bien que estoy afuera, pero el día en que yo me muera sé que tendrás que llorar. Y es que como no caer en los embustes de un chamaco que todavía se hace pupu en los calzones nomás escuchar que acepta heroicamente cuando se le viene encima (no-albur-intended) la enorme responsabilidad de cuidar y vigilar el Primer Torneo de Fútbol Copa Fanfurrias 2006, al que por otra parte ni los machos que más repudian a Juanga se atrevieron siquiera a entrarle cuando se les dijo que las viejas también estábamos incluidas. Si ya les digo yo con razón que ni chistaron cuando el chamaquito al que le dicen chilanguito wannabe se convirtió primero en el gurú de los penales, y mucho menos cuando se le ocurrió al pobrecito ponerse de pechito para que se le rompiera la patrulla nomás por enseñarnos la maestría con la que un hombrecito de verdad instruye a los otros bigotones pedorros sobre cómo funciona el verdadero juego del empierne. Claro, cuando el Manotas por fin consiguió convertirse en el cronista ya no iban a decir nada, pues no, si ya les digo que pura mariquita-sin-calzones hay en esta comarca perdida de dios, que cuando se les pone de frente la oportunidad de enseñarnos lo contrario se meten a sus cuartos, dizque para peinarse el mostacho, pero lo cierto es que con él lo único que hacen es taparse las vergüenzas, que hasta allá sí les llegan los pelos. Llorar y llorar, llorar y llorar…

Ya ni qué decir cuando el Manotas se convierte en el goleador del torneo, y los otros se intentan redimir diciendo que Fulano o Sutano ganaron el Mundial de Cacería de Hormigas, no hay que ser. Si ya ni el Don Juli, que luego luego se colgó la medallota de ser el padrino del chamaco. Gusto que da ver que la medalla le salió nomás de chocolate, porque de inmediato el prepúber se le encaró y le dijo que no, que no, que oh-my-god, eso es pa’ gente de dinero y aunque fuera presidente municipal o de su club de fans, ni con diez millones de pesos gastados en alegrías le iba a llegar al precio. Dirás que no me quisiste, pero vas a estar bien triste, y así te vas a quedar. Y para que los otros idiotas no anden diciendo que estas nuevas generaciones no tienen ideotas, le cogimos la palabra (oh, pues) al Manotas y le fundamos su club de fans, conmigo de presidenta para que no se me pongan al brinco. Porque una es humilde, pero no por eso deja de ser Doña Ana Guerrera, orgulloso miembro contribuyente de la comunidad de Petatiztla, recién llegada de los United para demostrar que por pantalones no queda, y para cualquier duda nos ponemos todos las faldas y nos medimos. Y que conste que en menos de veinticuatro horas max le teníamos bien armado el FUNAM al Manotas, porque para chico chamacote, pues chico nombrezote: Fanáticas Unidas en Nombre de las Anotaciones del Manotas. Todas las mujeres de Petatiztla le entramos al ruedo, pero para los tres días el FUNAM ya tenía hembras de todos los pueblos. Total que el Manotas tiene tanto talento y un corazón tan abierto, que después de jugar un partido con cada equipo era el único anotador de la liga porque las otras ratas de dos patas no habían hecho nanai. Que, bueno, de talento no mucho según él, pero pues nosotros ni bien sabemos pero igual le tenemos el FUNAM porque todos queremos que nuestras hijas casaderas se queden con el Manotas, que de seguro segurito llega a la primera división.

Con dinero y sin dinero yo hago siempre lo que quiero, y mi palabra es la ley. Yo sé que el chamaquito es medio fuereño y está medio feíto, pero bien dice el dicho que el hombre de verdad es feo, fuerte y formal, y en este caso tener una de tres a nueva alianza ya es ir de gane. Nosotros que nos esperábamos que con tanto chiquiti bum traído de la tierra del chale Don Juli se pusiera como vero-despechada, pero no: al contrario, nomás nos veía vitorear y pintarnos las trenzas con el nombre de su imberbe enemigo, el preciso se ponía como si estuviéramos descocadas por él. Y pues nosotras como buenas viejas nos dejábamos contrariar, porque cuándo se había visto que el más macho bigotón, que el bigote le gana hasta al de las calcas de historia, se pusiera también como quinceañera reglosa como si también quisiera que ganara el Manotas. No tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey. Yo creo que algo mal entendió de aquello de “Manotas”, de seguro pensó que el nombrecito le haría un favor; según Don Palito que con eso se estaba logrando el objetivo principal y que todo iba a ser en beneficio de Don Juli que porque organizar el torneo es un valor único o te vale, pero la verdad es que nosotras nomás nos íbamos enojando más porque no se vale que todo se lo haya cargado al chamaco, quien por cierto ya había bien agarrado la maña (así se dice, yo qué) y ya no metía un gol por partido, sino dos, tres y hasta quince, jugando para los dos equipos como si esto fuera la marcha gay a la que Don Juli llevó acarreados que nomás no podían entender del todo lo de la banderita de colores y el arete en los dos lados. Y los otros machos me estás oyendo inútil que también iban erizando los bigotes porque nomás no entendieron sino hasta el décimo partido de qué se trataba el asunto, cuando nosotras estábamos ya bien encandiladas con el Manotas, y hasta algunas se habían creído también lo del apodo.

La porra ya tenía por costumbre seguir al Manotas a donde fuera, llevarle el desayuno a la cama y hasta hacerle sugerencias nada propias para el carrousel de niños. En la primera ronda ya le había dado la victoria a Petatiztla, San Pedrito Infante Tezozómoc, Rintintiapan el Mediano y hasta a Metrópolis Fanfurrias. La envidia es un pecado capital, ya lo decía mi abuela, y de todos modos la gente se alebrestó contra el Manotas o a su favor, ya esto parecía una campaña política de Don Juli, donde quien no le avienta jitomates le avienta una hermana. Una piedra en el camino me enseñó que mi destino era rodar y rodar. El chiste es que después de todos los partidos disputados, la gente se puso color hormiga y esto ya parecía un asqueroso juego de política: unos le iban a Don Juli, nosotras y muchos más le íbamos al Manotas, Don Juli le iba a Manotas, y Manotas se iba a sí mismo, tanto que hasta mandó a hacer unos posters enormes que todas las mujeres sacábamos cuando el chamaquito se paraba en el terreno de juego a meter una tremenda cantidad de goles. La verdad es que con el tiempo nos dimos cuenta de que lo que el Manotas decía era cierto: sí era re malo, ni cómo hacerle. Siempre re-re-repetía los mismitos goles, y como nadie se le ponía en medio, con el tiempo hasta lo festejaba todo siempre igual y aquello se parecía más a una obra de teatro, donde todos siempre seguíamos el mismo ritual: primero, el Manotas salía de media cancha, sorteando a dos o tres jugadores; justo frente a la portería (generalmente decidía tirar en la portería de los guajolotes) se paraba, saludaba a su mamá, se dejaba sacar un par de fotos, y tiraba a gol. En ese momento, nosotras empezábamos a festejar: yo daba el primer grito, luego las mujeres más grandes se paraban eufóricas cargando el poster del Manotas, y luego la hija de Don Cirilo sacaba un brasier de la caja de brasieres y le aventaba uno al Manotas. Mientras tanto, él corría por el costado de la cancha, se quitaba la playera, y enseñaba la que traía abajo, que decía “REY”, aventándonos besos. Don Juli, quien siempre estaba dispuesto a nuestro lado, dejaba que los gritos terminaran para gritar para decir de inmediato: “ése es mi ahijado”. En ese momento, el Manotas se paraba, le mentaba su presidencial madre al preciso, y regresaba al centro de la cancha para repetir el teatrito. Ya decía yo que si de estrellados se trata, el Manotas por esos días era el estrello que a todos nos estrellaba. Los chinos tienen una religión bien rara en la que cantan la misma cosa muchas veces; tantas veces, que terminan sin poder pensar en otra cosa y entonces dicen que pueden encontrarse con dios. Yo creo que nosotras repetimos tantas veces el teatrito del Manotas, que el FUNAM terminó convirtiéndose en una secta a la que nomás le faltaba ir tocando de puerta en puerta para conseguir feligresas, cosa que hubiéramos hecho de no ser porque las feligresas llegaban solas. Lo cierto es que desde que empezó el torneo había menos gente en la iglesia, porque cantar la canción del Manotas era más divertido. Yo creo que por eso el Manotas empezó a sentirse dios-mío-que-me-estoy-quemando.

Con la cosa de que había gente que nomás no lo quería, los partidos se fueron convirtiendo cada vez más en guerritas, primero de gritos y luego de sombrerazos y luego de palabrotas y los bigototes que se dicen hombres se ponían cada vez más como chamaquitos caguengues. Al principio se contentaban con abuchear al chamaco y apoyar a Don Juli. La cosa se puso fea hasta el día en que resultó que uno de los jugadores era de los simpatizantes de Don Juli. Entonces, mientras el Manotas corría a meter gol, y justo cuando estaba en frente de la portería, ese jugador le metió la pata que bueno hubiera sido que con eso nomás un domingo siete, pero no. El Manotas volvió a azotar como bailarina gorda. Todos pensamos que con eso nomás iba a ser la cosa de que volviera a pararse y a meter gol. Pero el chamaco se puso re loco y empezó a gritar. Después me dijo un arriero que no hay que llegar primero. “¡Penal! ¡Eso fue penalti!” Y todos nos quedamos de a cuatro porque nadie sabía que era un penalti, y por más que Don Palito checó mil veces el reglamento, no pudimos averiguarlo sino hasta que hizo un par de llamadas. Y miren si es curioso que a mí me haya tocado escribir el capítulo trece de esta historia, porque justo fue aquí donde la cosa se puso fea. Hay que saber llegar.

(lulú marina)

1 Comments:

At 8:26 PM, Blogger Ana Lucía said...

Feben, no sé ni qué decir... No puedo parar de reír.
Le juro que me acaba de hacer el día y mire que ya medio lo había desheredado con esos sustos de que justo cuando le tocaba al rosa ya le detenía al Chanfle.
Me dejó sin frases!!! Impecable, es usted un genio mi don febenísimo.
Gracias!!!

 

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